Mecanografía desde cero: qué es, cuánto se tarda y cómo aprender sin abandonar

Una introducción honesta para principiantes: cómo colocar las manos, en qué consiste el aprendizaje y por qué las primeras semanas escribirás más despacio que ahora.

Dmitry Puzyrev, desarrolla Typing School

Aprender a escribir a ciegas es más fácil de lo que parece (y menos agradable de lo que prometen). Más fácil, porque es una habilidad motora corriente, como montar en bici: no hace falta talento, hacen falta sesiones cortas y regulares. Menos agradable, porque las primeras semanas escribirás más despacio que ahora, y justo en ese momento es cuando la mayoría lo deja. Esta guía recorre el camino entero para que sepas de antemano dónde se pone difícil y por qué es normal.

Qué es escribir a ciegas y por qué la velocidad no es lo importante

Escribir a ciegas es teclear sin mirar el teclado. Cada dedo tiene sus teclas, las manos descansan siempre en el mismo sitio y, con el tiempo, los dedos encuentran las letras solos, igual que los pies encuentran los pedales del coche.

Normalmente se vende por la velocidad: escribe dos o tres veces más rápido. La velocidad llega, sí, pero como efecto secundario. Lo importante le pasa a tu atención. Mientras buscas las teclas con los ojos, la cabeza está en dos cosas a la vez: qué decir y dónde narices está la ñ. La mirada salta entre la pantalla y las manos, el hilo se corta y las erratas las ves varias palabras después. Cuando los dedos trabajan solos, queda una sola tarea: pensar. Miras el texto, ves el error en el momento en que aparece y escribes por palabras, no por letras.

Por eso un buen objetivo para empezar no es «60 palabras por minuto», sino «dejar de pensar en el teclado».

Cuánto se tarda de verdad

En internet prometen «dos horas», «una semana» y «seis meses». Lo que pasa es que cada uno habla de un punto distinto del mismo camino. Y hay tres:

  1. Sabes dónde está cada letra. Escribes despacio, con pausas, pero sin mirar. Con 15 o 20 minutos al día, suele llevar de dos a cuatro semanas.
  2. Escribes a ciegas en tu día a día. Mensajes, notas, búsquedas: todo sale sin sufrir. Más o menos uno o dos meses. La estimación popular de «un mes con diez minutos al día» se refiere justo a este punto.
  3. Escribes rápido. La velocidad a la que teclear no se queda por detrás del pensamiento llega en tres a seis meses, y ya sin sesiones de práctica: simplemente usas la habilidad cada día.

Como referencia: en el mayor estudio sobre escritura con teclado hecho hasta ahora, con 168 000 participantes, la mayoría escribía entre 30 y 60 palabras por minuto (unas 150 a 300 pulsaciones), y la media salía en 52 palabras, unas 260 pulsaciones. Así que 40 palabras por minuto a ciegas (unas 200 pulsaciones) es un nivel de trabajo más que digno.

Los plazos de arriba son orientativos, no garantías. Hay quien va más rápido y quien va más despacio, y en el resultado final apenas influye.

El bajón del principio

Las primeras semanas escribirás más despacio que ahora con dos dedos. Es el tramo más desagradable de todo el aprendizaje. No se puede esquivar, solo saberlo de antemano. Por eso el mejor momento para empezar es cuando en las próximas dos o tres semanas NO necesites escribir mucho texto con urgencia.

Qué necesitas antes de empezar

Teclado. Cualquiera físico que ya tengas, el del portátil incluido. No hace falta que sea mecánico, ergonómico ni de teclas en blanco; para aprender da igual. Lo único: comprueba que las teclas F y J tienen un pequeño relieve. Con él los dedos encuentran su sitio al tacto.

Distribución. Si escribes en dos idiomas, empieza por el que más usas al teclado. La segunda distribución añádela cuando la primera te salga en automático. Irá bastante más rápido: los dedos ya saben moverse y solo queda aprender las letras nuevas en las mismas teclas.

Puesto de trabajo. Una silla a la altura justa para que los codos queden doblados más o menos en ángulo recto y los pies apoyados en el suelo. La pantalla a la altura de los ojos o un poco por debajo. El teclado justo delante de ti, no de lado. Y las manos: muñeca recta, la mano sigue la línea del antebrazo, ni doblada hacia arriba ni caída.

La posición base de las manos y por qué es así

Ocho dedos descansan en la fila central: la mano izquierda en A S D F, la derecha en J K L Ñ. Los índices en las teclas con relieve, los pulgares sobre la barra espaciadora. Es la fila de inicio (también llamada fila base): de aquí sale cada dedo a por una letra y aquí vuelve.

La fila de inicio en un teclado español: las teclas ASDF y JKLÑ resaltadas

Cada dedo tiene su propia columna inclinada, hacia arriba y hacia abajo desde su tecla de inicio. El meñique izquierdo se encarga de Q, A, Z; el anular de W, S, X; el corazón de E, D, C. Los índices son los más fuertes y ágiles, así que les tocan dos columnas a cada uno: R, F, V y T, G, B al izquierdo, Y, H, N y U, J, M al derecho. La mano derecha es un espejo de la izquierda, solo que al meñique le toca más trabajo: todo el borde derecho del teclado es suyo.

Esquema de colocación de los dedos para escribir a ciegas: cada dedo tiene su columna de teclas, las manos descansan en la fila de inicio

¿Por qué así? Ningún dedo tiene que estirarse lejos, las manos apenas se mueven y, como la mano está siempre en el mismo sitio, hasta cualquier tecla hay siempre el mismo movimiento. Esa repetición es justo lo que se convierte en memoria muscular. Cuando la mano va paseando por el teclado, no hay nada que memorizar: el camino hasta la letra es nuevo cada vez.

El esquema, eso sí, no es un dogma, sino una buena opción por defecto. Lo que importa de verdad son tres cosas: los ojos en la pantalla, muchos dedos trabajando y constancia, es decir, que una tecla la pulse siempre el mismo dedo. Para un principiante, lo más fácil para conseguir las tres es aprender el esquema estándar tal cual. Si más adelante alguna tecla te resulta incómoda, puedes apartarte de él, pero a conciencia y para siempre, no de una manera distinta cada vez.

En qué consiste el aprendizaje

El orden cambia un poco de un curso a otro, pero la lógica es la misma en todos: primero las teclas que están bajo los dedos, luego las que hay que alcanzar; primero letras sueltas, luego combinaciones, luego texto de verdad.

La fila de inicio. Se empieza por las dos teclas bajo los índices y después se van sumando los demás dedos. Con estas letras se forman pocas palabras, los ejercicios parecen un galimatías, y es normal: no estás aprendiendo palabras, sino movimientos.

Filas superior e inferior. El dedo sube o baja y vuelve a casa. La fila inferior suele costar más: el movimiento es menos natural. Buena señal en un curso: al final de cada fila hay lecciones que mezclan todo lo aprendido.

Dedos débiles. Los meñiques y los anulares casi no habían trabajado hasta ahora y se quedarán atrás. Le pasa a todo el mundo. Necesitan carga extra.

Combinaciones de letras. Aquí ocurre un cambio importante: los dedos empiezan a memorizar no teclas, sino secuencias. Las combinaciones frecuentes como «en», «la» u «os», con las letras en manos distintas, se funden enseguida en un solo movimiento. Cuestan más aquellas en las que las dos letras caen en el mismo dedo, y en español hay bastantes entre las más habituales: «de» y «ce» van enteras con el corazón izquierdo, «un» con el índice derecho. Si tropiezas siempre en alguna palabra corta, lo más probable es que sea por esto, no por ti.

Palabras frecuentes. El centenar de palabras más usadas forma una parte enorme de cualquier texto. Cuando salen de un solo movimiento, la velocidad da un salto notable.

Mayús y mayúsculas. La regla: Mayús se pulsa con el meñique de la mano contraria. La A mayúscula necesita el Mayús derecho; la L, el izquierdo.

Signos de puntuación. La coma y el punto, los dos más frecuentes, están en la fila inferior sin Mayús, bajo el corazón y el anular derechos, así que salen fáciles. Las tildes se escriben con la tecla muerta ´ que hay junto a la Ñ (meñique derecho) y luego la vocal: una pulsación extra a la que te acostumbras. El resto se esconde detrás de Mayús: los signos de interrogación, los dos puntos, las comillas. Por eso se aprenden después de Mayús, y por eso la interrogación te fastidiará más tiempo que cualquier letra: en ella trabajan dos meñiques a la vez.

Texto de verdad. Frases reales con mayúsculas y puntuación. Aquí la habilidad se siente por primera vez como una habilidad.

Números. Los últimos: la fila numérica es la que más lejos queda de los dedos y la que menos falta hace. Mucha gente que escribe a ciegas con soltura nunca la aprendió y vive tan tranquila.

Cómo practicar

De quince a veinte minutos al día, todos los días. Una habilidad motora se asienta entre sesiones, no durante ellas, así que siete sesiones cortas a la semana dan más que una de dos horas el domingo. Además, pasada media hora la atención cae, las manos se cansan, los errores se multiplican y acabas entrenando justo los errores.

La precisión antes que la velocidad. Mantén al menos un 95 % de pulsaciones correctas y no aceleres hasta que lo consigas. No es exceso de prudencia: corregir errores sale tan caro que quien frena por limpieza acaba escribiendo más rápido. Y además, cada pulsación equivocada es un pequeño ensayo del movimiento equivocado. Pero tampoco te exijas el cien por cien: perseguir la perfección da manos agarrotadas.

No mires abajo. Nunca. ¿No recuerdas dónde está una letra? Búscala en el esquema de la pantalla o tantea desde la fila de inicio. Despacio, pero a ciegas. Un vistazo al teclado ahorra un segundo y anula el sentido del ejercicio. Si la mirada se te va sola, tápate las manos con una toalla.

Teclea suave. No hace falta hundir la tecla hasta el fondo, y mucho menos golpearla. Las manos tensas se cansan antes y fallan más.

Mide tu velocidad antes de la primera lección. Haz el test y apunta la cifra. Dentro de un mes la necesitarás para ver que has salido del hoyo.

Errores típicos de las dos primeras semanas

Mirar «solo en las letras difíciles». Justo las letras difíciles son las que hay que aprender al tacto; si no, seguirán siendo difíciles para siempre.

Perseguir la cifra de velocidad. El contador pide que lo subas, pero en las primeras semanas la velocidad no significa nada. Fíjate en la precisión.

Practicar a rachas. Tres días de una hora y luego una semana de parón. Para la siguiente tanda se ha olvidado la mitad y aparece la sensación de «esto no me sale». Sí te sale, solo que no así.

Los dedos no vuelven a casa. Pulsas una letra de la fila superior y dejas el dedo ahí. Tres pulsaciones después la mano se ha desplazado y todas las teclas salen mal. ¿Te has perdido? Tantea los relieves de la F y la J y empieza de nuevo.

Ayudarse con el dedo fuerte. El índice hará encantado el trabajo del meñique. No se lo permitas: ahora es más rápido, pero luego tendrás que desaprenderlo.

Dos formas de escribir a la vez. Hasta que no conozcas todas las letras, en el día a día tendrás que escribir a la antigua; es inevitable. Pero en cuanto tengas aprendidas las tres filas, pásate a escribir a ciegas en todas partes, mensajería incluida. Será lento y frustrante durante una semana más o menos. Si lo vas posponiendo, la costumbre vieja ganará cada vez que tengas prisa.

Si se te cansan o te duelen las manos

Un ligero cansancio en meñiques y anulares los primeros días es normal. El dolor, el entumecimiento y el hormigueo no lo son. Comprueba tres cosas: que las muñecas no estén dobladas hacia arriba ni apoyadas contra el borde de la mesa, que las manos no estén giradas hacia los meñiques y que no estés aporreando las teclas. Acorta la sesión y haz pausas. Si no se pasa, mejor ve al médico.

Cómo saber que lo has conseguido

No por la cifra del test. Las señales son otras, y un día seguro que las notas. Notarás que no recuerdas cuándo miraste el teclado por última vez. Notarás que la errata la sientes en los dedos antes de verla en la pantalla. Notarás que escribes mirando a la persona con la que hablas.

Piensas en qué escribes, no en cómo.

Si quieres una cifra: de 30 a 40 palabras por minuto con un 95 % de precisión o más es el nivel en el que escribir a ciegas ya resulta más cómodo que cualquier forma anterior. A partir de ahí la velocidad crece sola, porque ahora cada correo y cada mensaje son entrenamiento.

Fuente de los datos de velocidad y errores: Dhakal, Feit, Kristensson, Oulasvirta. Observations on Typing from 136 Million Keystrokes. CHI 2018.